Cada
día la gente se interesa más
por tener una alimentación sana
y natural, debido a que nos hemos
dado cuenta de que esto nos proporciona
bienestar y salud, mantiene nuestro cuerpo
sano y equilibrado o lo restablece si
se encuentra enfermo. Una forma de lograr
una alimentación sana consiste
en consumir frutas y verduras en lo
que cada día se va definiendo como
una terapia general coadyuvante de otras
terapias.
Se
conoce como JUGOTERAPIA (terapia de
jugos de frutas y verduras) al método
que, bien llevado, no provoca efectos
secundarios, y cura una amplia gama de
enfermedades originadas por deficiencias
alimenticias, sobre todo en la actualidad
debido a la industrialización equivocada
de los alimentos, a su producción
inadecuada y a la alteración en
los componentes de la tierra por la utilización
de plaguicidas y fertilizantes químicos.
La
administración de jugos, el
nulo efecto secundario que presenta,
la rápida y fácil asimilación
y el poco residuo que dejan en el intestino
los productos de esta terapia, la hacen
muy conveniente como ayuda a diversos
padecimientos; y digo como ayuda,
porque hay que recordar que ninguna medicina
es curativa, es decir, se vierten en el
organismo los elementos que son necesarios
en ese momento para que éste realice
la complementación de algún
elemento nutricional del cual carece o
está presente en forma deficiente,
por lo que su acción es alimenticia,
revitalizadora, energética, algunas
veces plástica, enzimática,
química y como mecanismo de arrastre
y eliminación de las sustancias
no adecuadas al cuerpo con su acción
depuradora y desintoxicante a través
de su contenido iónico o electromagnético.
La
terapia de jugos de frutas y verduras
tiene sus bases y principios, los
cuales describiremos a continuación
para comprender mejor sus alcances y límites.
Las
frutas se clasifican en dulces, agridulces,
ácidas y secas. Una subdivisión
las clasificaría en oleaginosas
(frutas que contienen aceites o grasas)
y feculentas (las que contienen almidones
o harinas); otra subdivisión contemplaría
su contenido vitamínico y mineral.
Aquí cabe advertir el uso cuidadoso
de las frutas en padecimientos cardiacos,
renales y circulatorios por los minerales
de sodio y potasio, por su contenido en
azúcares o hidratos de carbono
(moléculas formadas por hidrógeno,
oxígeno y carbono) que son importantes
por ser un alimento energético
de fácil asimilación y utilización
por el organismo. La clasificación
de estos azúcares depende de su
composición química y de
dónde se obtiene. Tenemos la
glucosa que se encuentra en las frutas
dulces; la levulosa la contienen algunas
frutas y la miel; la sacarosa se halla
en la remolacha y caña de azúcar;
la maltosa está contenida en la
cebada germinada, malta y sudáceos
del café; la amilasa en la semilla
de los cereales, los tubérculos
como la papa, en general las harinas o
almidones llamadas feeculas. Las dextrinas
son derivados de la amilasa obtenidos
por hidrólisis.
Existen
lípidos, que son las grasas o aceites
contenidos en las frutas y vegetales
los cuales son una gran fuente energética
de reserva; las proteínas, o sus
componentes los aminoácidos, tienen
como función la estructura plástica
y genética de los cuerpos vivientes,
por lo que efectúan la función
en cierta forma reguladora de vida, de
defensa, de los procesos enzimáticos,
de las reacciones físico-químicas,
de transporte de elementos, etc.; y por
último los minerales y oligoelementos
que tienen dos formas diferentes de actuar,
los llamados elementos constructores que
van a formar las estructuras de sostén
del cuerpo como los huesos, dientes, etc.,
y los elementos catalíticos (sustancias
que aceleran o retardan una acción
física o química); de este
grupo tenemos al azufre que tiene la particularidad
de eliminar las sustancias tóxicas,
el calcio que mantiene los huesos fuertes,
al igual que el cloro, cobre, fósforo,
flúor, hierro, manganeso, magnesio,
potasio, sílice, sodio y yodo.
Algo
importante de las frutas es su contenido
de vitaminas, debido a la creciente
deficiencia de éstas en los alimentos
por las razones antes dichas y por la forma
de vida que se lleva en las grandes urbes.
Es necesario el aporte vitamínico
que se encuentra en dichos alimentos, pero
la cantidad de nutrientes no es uniforme.
Así tenemos que aquellos que están
en mayor proporción son la vitamina
A, el complejo B (B1, B2, B6, B12), las
vitaminas C y E (antioxidantes), la vitamina
D que ayuda a la fijación del calcio,
la vitamina K o antihemorrágica,
la P y la Pp; en menor proporción
tenemos las vitaminas B3, B15, B17, la vitamina
H, la cholina, el inositol, el ácido
fólico, el ácido pantoténico
y la carnitina, sin olvidarnos del agua
que actúa como catalizador de las
reacciones químicas del cuerpo.
Todo esto da como resultado que se manifiesten
en todos los cuerpos, como el de los vegetales
y frutas, campos de fuerza y energía
como son el campo eléctrico y el
campo magnético. Un ejemplo del primero
se presenta en las verduras u hortalizas
con sus hojas, tallos, bulbos, raíces,
etc.
Del
segundo, el campo magnético, sabemos
que está presente en las frutas.
Estas dos corrientes, una vez depuradas
dentro del aparato trófico del
cuerpo humano, forman ese anhelado equilibrio
electromagnético, que da al hombre
bienestar, euforia física e interna.
Todo esto tiene su base en las leyes
naturales, gracias a las cuales sabemos
que existen alimentos compatibles e incompatibles,
por lo que es necesario evitar determinadas
combinaciones de estos alimentos que
pudieran provocar alguna reacción
no recomendable. Afortunadamente casi
todas las combinaciones de frutas y verduras
u hortalizas frescas son compatibles,
con la única excepción de
los cítricos, el melón y
la sandía; estos últimos
deben tomarse solos.
En
la actualidad es posible preparar las
bebidas a base de frutas y verduras en
la licuadora o en el extractor, separando
sus componentes, lo que hace que su digestión
y asimilación sea más fácil,
rápida y no se mantenga mucho
tiempo en el estómago e intestino
para no provocar alteraciones digestivas,
fermentaciones o la producción
de sustancias tóxicas. Recuerden
tener en cuenta esta clasificacieon para
evitarse problemas como cólicos,
diarreas, flatulencia e intolerancias,
por lo que surge una regla sencilla dentro
de la clasificación primera:
| COMPATIBLE |
NO
COMPATIBLE |
Frutas
dulces
|
Frutas
ácidas
|
| Frutas
ácidas |
Frutas agridulces
|
|
Frutas
Agridulces
|
Frutas
dulces
|
Debemos
considerar que para que esta clase de
terapia tenga buen efecto terapéutico,
o un efecto revitalizante, las frutas
y las verduras deben estar maduras, frescas,
íntegras, naturales y libres de
productos químicos.
Los
jugos de frutas y verduras tienen acciones
específicas: fortalecen, revitalizan,
depuran, ayudan a reconstituir las células,
desintoxican y energizan el cuerpo; las
verduras, además de sus componentes
vitameinicos y minerales, contienen clorofila,
la cual tiene grandes propiedades terapeeuticas:
como resultado de ser la asimiladora de
la energía solar y cósmica,
produce el intercambio entre oxígeno
y bieoxido de carbono. De acuerdo con
el doctor Bernard Jensen, es tal la importancia
de los vegetales que sugiere que debemos
integrar dentro de esta terapia algunas
yerbas curativas, ampliando su utilidad
en diversos problemas y padecimientos.
Algo
importante en todas las bebidas de frutas
es elegir la base líquida de alguna
fruta, lo mismo que en las verduras, pues
una particularidad de los jugos es que
su digestión se efecta en
la tercera fase, o sea, en el intestino
delgado: los azucares, los almidones o
féculas y las grasas son degradados
y absorbidos en esta secuencia, siendo
el procesamiento final de éstos
en el hígado.
Las
verduras, gracias a la celulosa que contienen
(aunque en el jugo queda poca cantidad
de ella), nos ayudan a evitar el estreñimiento,
al igual que algunas frutas (excepto las
secas), las cuales aumentan la peristalsis
intestinal. La forma de ingerir los jugos
es poco a poco o trago a trago, buscando
siempre el deleite al retenerlos en la
boca por un momento y as mezclarlos
con la enzima ptialina proveniente de
las glándulas salivales para iniciar
su digestión.
Todos
los jugos son nutritivos y la forma más
adecuada de tomarlos es una hora antes
del desayuno o de dos a tres horas después
de la comida, nunca junto con los
alimentos. En casos especiales de tratamiento
la recomendación estará
a cargo del médico. Existen terapias
exclusivamente a base de jugos sin otro
alimento adicional, pero lo recomendable
es la supervisión de un médico
naturópata o nutriólogo
alternativo, para conocer con precisión
la cantidad, la indicación, el
uso, la frecuencia y la duración
del tratamiento.
La
variedad de los jugos o bebidas es importante
para tener equilibrio, principalmente
cuando se relacionan con las estaciones.
Así, tenemos que las temporadas
de preparación o preventivas son
la primavera y el otoño, quiero
decir que es conveniente durante esas
estaciones ingerir los alimentos que la
naturaleza nos brinda para preparar el
cuerpo a los cambios climáticos
con su respectiva carga de enfermedades,
como la gripe o catarro, la bronquitis,
las neumonías y otras en el invierno,
o las afecciones típicas del verano,
como son las infecciones intestinales,
alergias, deshidratación, etc.
Además de las constantes del año,
se debe tener en cuenta el estado físico,
la actividad que se realiza y el estrés
o tensiones que se viven. Si la persona
está enferma o padece alguna afección
como la diabetes, se deben evitar los
jugos que contengan azucares, sólo
deben administrarse bajo supervisión
médica.
Les
daré algunos tipos para que se
ayuden. Existen frutas que por sus
componentes nos resultan extraordinarios
para depurar y desintoxicar el cuerpo,
como son los jugos naturales de uva, manzana,
zanahoria, naranja, en temporada el mango,
la zarzamora y el durazno; la duración
de la desintoxicación va de 5 a
12 días, claro que con una alimentación
de poco residuo y natural. Una combinación
que resulta excelente para los triglicéridos
y colesterol es la toronja con apio,
perejil y sávila; un remineralizante
y vitamínico es el jugo de naranja
con levadura de cerveza y apio; un fortificante
es el jugo de zanahoria, apio, betabel,
perejil, berros, cebolla morada y ajo;
para la limpieza del organismo conviene
combinar piña, apio y acelgas;
otro restaurador y depurante son las uvas,
la zarzamora, las espinacas o los berros.
Autor:
Dr. Sergio Lara García
http://www.natura.com.mx
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