|
Seamos
sociales o no; con una vida social
intensa o parca, es decir tengamos la tendencia
social que tengamos, invariablemente en
algún momento de nuestra vida
nos ha visitado la soledad o la sensación
de sentirnos solos.
¿Cómo es que nos invade
esta sensación?
En
ocasiones coincide con una ruptura amorosa,
y éste no es el caso. Se puede comprender
perfectamente que después de una
ruptura amorosa, se viva un completo duelo
e incluso la sensación de total abandono.
Esto es puntual. Pero la mayoría
de las veces no es así. La mayoría
de las veces el sentirse sól@ no
tiene que ver con rupturas o con la cantidad
de relaciones que sostengamos en nuestra
vida, tiene que ver en cómo no relacionamos
con estas.
Si
estas pasando por uno de esos momentos,
en los que te parece que nadie te comprende
o que te sientes apartada del "mundo",
vale la pena que te detengas y te preguntes
"¿a quién he apartado
yo de mi vida?" , ¿Por qué?
Y ¿Para qué?
A
veces no somos conscientes de que nos apartamos
de nuestros familiares, amigos o conocidos
en busca de una perfección en las
relaciones dejando de lado las "únicas"
relaciones que por el momento tenemos, argumentando
en nuestro interior que son relaciones de
alguna manera "no aptas". En
realidad estamos proyectando nuestras deficiencias
en los otros, sin tener en cuenta que
"los demás" son perfectos.
Están en su punto evolutivo personal
y que es únicamente nuestra censura,
crítica y falta de aceptación
del otro lo que nos hace considerarlos "no
aptos" para nosotros.
Este
mecanismo actúa de forma muy sutil,
pero implacable llevándonos inexorablemente
a la sensación de soledad ya
que de hecho lo que hacemos comportándonos
de esta forma, es "aislarnos"
apartándonos y sufrir en primera
persona lo que en realidad estamos haciendo
a los demás.
No
hace falta argumentar mucho para comprender
que detrás de esta actitud hay mucho
orgullo, ya que si apartamos a los demás
desdeñosamente, nos colocamos en
una posición de ser "mejores"
o "diferentes", aunque a veces
esté disfrazado de la sensación
de sentirse "incomprendido" o
del convencimiento de que será muy
difícil encontrar a alguien con quien
compartir nuestros sentimientos o inquietudes.
Este comportamiento no sólo nos
aísla sino que puede empujarnos a
un camino que desembocará en una
posible depresión.
Aislarnos
ocasionalmente para reflexionar o sencillamente
para reencontrarnos con nosotros mismos
es aconsejable y recomendable, pero
no ser capaces de relacionarnos sanamente
con nuestro entorno es un síntoma
inequívoco de que algo anda mal en
nuestro interior.
¿De
verdad somos tan diferentes de nuestros
semejantes? Seguro que no.
María
Dolors
Terapeuta gestáltica y Floral - saludygestalt@gmail.com...........................................
|