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Una
de las dificultades mayores a la hora de
ponerse de acuerdo con otra persona que
sostiene un punto de vista diferente, o
totalmente opuesto al nuestro, consiste
en enfocar ambos puntos de vista como verdades
absolutas.
Si
para defender una opinión optamos
por expresarla desde "es mi punto de
vista" o "es como yo lo veo",
en lugar de "ES ASI", o situarnos
en una defensa a ultranza partiendo de la
base de que es una opinión inamovible
o "la única verdad", nos
será difícil llegar a ningún
tipo de acuerdo o aproximación a
otra forma de pensamiento o criterio.
Aferrándonos
a nuestro punto de vista en una actitud
totalmente cerrada por expresarla desde
la única posibilidad, nos imposibilitamos
a escuchar la otra forma de pensamiento,
negándonos la posible información
o planteamientos nuevos, desconocidos y
enriquecedores que tal vez nos permitirían
ampliar los conceptos propios.
El
simple planteamiento de asumir que es "nuestro"
punto de vista no "el único",
permite que las barreras existentes entre
dos posiciones enfrentadas, sean movibles,
capacitando a ambas partes a un acercamiento
para una mayor comprensión de la
situación objetiva y facilitando
un posible acuerdo válido para ambas
partes.
Pero
esta no es la única ventaja; cuando
utilizamos un lenguaje que expresa nuestro
punto de vista subjetivo, estamos asumiendo
y admitiendo que es el nuestro y nos permite
responsabilizarnos de nuestra opinión
sin tener que recurrir a una forma de expresión
con visos de "sentencia" que evita
la auto responsabilidad y el replanteamiento
de nuestras opiniones, impidiendo la ampliación
de la capacidad de comprensión y
la consecuente ampliación de criterio
Al
asumir que es nuestro punto de vista, estamos
permeables a poder desarrollar cómo
hemos llegado a ellos, permitiendo un análisis
clarificador. Por el contrario, si nuestra
expresión parte de la premisa de
"verdad absoluta", la posibilidad
de análisis queda sensiblemente mermada.
Fuente:
Maria Dolors Pozo
Terapeuta gestáltica y floral
Terapia.gestalt@gmail.com
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