Tenemos mucho más control sobre nuestras vidas de lo que pensamos y,
tristemente, de lo que nuestra sociedad nos indica. De hecho, el control que llevamos
es absoluto.
Esto
parece una idea radical, pero en éste mundo, en el estado en que se encuentra
esta raza humana, lo sano parece disparatado y un demente se considera normal.
Muchos
años de acondicionamiento (a través de nuestros padres, de la
religión, de la escuela, de la televisión
) nos hacen creer
en la mentira más gorda que existe: que somos victimas sin control, marionetas
cuyas extremidades bailan al son de una canción que ni componemos, ni comprendemos.
A
medida que nos alejamos, no de la ignorancia sino de la pureza de la infancia,
y nos acercamos a la terrible distorsión que llamamos la edad adulta, vamos
perdiendo el sentido en nuestras vidas. Nos preguntamos porqué estamos
aquí, qué debemos hacer, y cada día que pasa nuestra inquietud
incrementa porque sabemos que se nos escapa la vida y no aprovechamos bien el
tiempo.
¿Cómo
es posible que nos traguemos ésta mierda? Es, simplemente, el proceso
de socialización tan común y tan poco natural que ocurre en cada
rincón de nuestro planeta. Se convierte en nuestra realidad; una realidad
que, aunque no nos demos cuenta o no queramos admitirlo, nos auto-imponemos. Es
la gran alucinación colectiva de la raza humana, la enfermedad que se extiende
como fuego en un bosque y se ve responsable por toda clase de problemas y sufrimiento
a nivel individual y global.
Todo
esto parece muy negativo, pero antes de encontrar la solución a una enfermedad
hay que diagnosticarla correctamente. Los síntomas ya los conocemos; los
vivimos cada día: el miedo, la soledad, la inseguridad, la confusión
pero debemos identificar la raíz del problema si realmente queremos experimentar
una mejora en nuestras vidas.
¿Y
cuál es la raíz? La falta de confianza y comunicación
que tenemos con nuestro mismo ser. No nos entendemos a nosotros mismos, no nos
gustamos, y por eso creamos un gran vacío interior y nos pasamos el resto
de nuestras vidas intentando llenarlo con cosas externas que nunca podrán
satisfacer nuestra verdadera necesidad de aceptarnos y así experimentar
la paz interior y la felicidad incondicional.
¿Y
porqué no nos aceptamos como somos? Porque factores ajenos nos han
convencido que no valemos lo suficiente. Nuestros padres nos recuerdan que tenemos
que madurar, la iglesia nos asegura que pecamos demasiado y la televisión
nos dice que no alcanzamos los ideales de belleza y astucia que debemos adquirir
para llegar al éxito.
La
semilla se planta, y de la semilla crece un árbol. Del árbol,
caen semejantes semillas, y se forma un bosque. He así como vamos perdiendo
la felicidad natural que una vez conocimos en nuestra infancia. Llega el día
en que nos vemos rodeados de un bosque oscuro y amenazante donde ya no nos llega
la luz del día.
Pero
en cualquier momento, nos podemos poner en pié y emprender el viaje más
valioso de nuestras vidas hacia la luz. Podemos salir de éste
bosque, aunque al principio no parezca fácil. Podemos darnos cuenta de
que sí somos los creadores de nuestra experiencia, y que no sólo
podemos, sino que tenemos la responsabilidad de crear una experiencia más
bella, más llena de amor y alegría para nosotros y los que comparten
sus vidas con nosotros.
Autor:
Patrick Collins
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