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1.
Respetar la Tierra y la vida en toda su
diversidad
Reconocer
que todos los seres son interdependientes
y que toda forma de vida independientemente
de su utilidad, tiene valor para los seres
humanos.
Afirmar la fe en la dignidad inherente a
todos los seres humanos y en el potencial
intelectual, artístico, ético
y espiritual de la humanidad.
2. Cuidar la comunidad de la vida
con entendimiento, compasión y amor.
Aceptar que el derecho a poseer, administrar
y utilizar los recursos naturales conduce
hacia el deber de prevenir daños
ambientales y proteger los derechos de las
personas.
Afirmar, que a mayor libertad, conocimiento
y poder, se presenta una correspondiente
responsabilidad por promover el bien común.
3. Construir sociedades democráticas
que sean justas, participativas, sostenibles
y pacíficas
Reconocer que la libertad de acción
de cada generación se encuentra condicionada
por las necesidades de las generaciones
futuras.
Promover la justicia social y económica,
posibilitando que todos alcancen un modo
de vida seguro y digno, pero ecológicamente
responsable.
4. Asegurar que los frutos y la belleza
de la Tierra se preserven para las generaciones
presentes y futuras.
Reconocer que la libertad de acción
de cada generación se encuentra condicionada
por las necesidades de las generaciones
futuras.
Transmitir a las futuras generaciones valores,
tradiciones e instituciones, que apoyen
la prosperidad a largo plazo, de las comunidades
humanas y ecológicas de la Tierra.
Para poder realizar estos cuatro compromisos
generales, es necesario:
5.
Proteger y restaurar la integridad de los
sistemas ecológicos de la Tierra,
con especial preocupación por la
diversidad biológica y los procesos
naturales que sustentan la vida.
Adoptar, a todo nivel, planes de desarrollo
sostenible y regulaciones que permitan incluir
la conservación y la rehabilitación
ambientales, como parte integral de todas
las iniciativas de desarrollo.
Establecer y salvaguardar reservas viables
para la naturaleza y la biosfera, incluyendo
tierras silvestres y áreas marinas,
de modo que tiendan a proteger los sistemas
de soporte a la vida de la Tierra, para
mantener la biodiversidad y preservar nuestra
herencia natural.
Promover la recuperación de especies
y ecosistemas en peligro.
Controlar y erradicar los organismos exógenos
o genéticamente modificados, que
sean dañinos para las especies autóctonas
y el medio ambiente; y además, prevenir
la introducción de tales organismos
dañinos.
Manejar el uso de recursos renovables como
el agua, la tierra, los productos forestales
y la vida marina, de manera que no se excedan
las posibilidades de regeneración
y se proteja la salud de los ecosistemas.
Manejar la extracción y el uso de
los recursos no renovables, tales como minerales
y combustibles fósiles, de forma
que se minimice su agotamiento y no se causen
serios daños ambientales.
Continúa
los principios.
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