Parece
egoísta pensar que la relación más importante de nuestras
vidas es la que tenemos con nosotros mismos, pero paradójicamente,
ésta comprensión nos puede liberar completamente del egoísmo.
Todo
lo que pensamos y sentimos hacia nuestro ser forma la base de lo que sentimos
hacia los demás y hacia el mundo externo. El odio y el miedo, o por otro
lado el respeto y el amor son emociones que uno no puede sentir hacia otra persona
sin que tengan existencia previa en su conciencia.
Es
absolutamente imposible, por ejemplo, cometer un acto de violencia externamente
sin primero haberlo dirigido hacia uno mismo. Personajes como Ghandi, que logró
expulsar de India al imperio más poderoso del mundo sin cometer un solo
acto violento, y el reverendo Martin Luther King, Jr., que se enfrentó
pacíficamente contra la violencia y el racismo en sus formas más
extremas, nos muestran el poder de esta verdad. Estos
grandes líderes encontraron en su propio ser una fuente natural de paz
y sabiduría. Lograron profundizar su auto-relación de tal modo que
no se les podía provocar a la violencia porque no existía en su
conciencia.
Esta
es la única forma de liberarse de los estados negativos aplicándose
a reparar la auto-relación; la raíz de todos los problemas que podamos
tener con los demás.
La
falta de comunicación y la frustración que habitualmente sentimos
hacia otros es, realmente, responsabilidad nuestra. A pesar de nuestro
hábito de echar la culpa a los demás, a la situación en general,
a dios
la dirección de nuestras vidas y el desarrollo de nuestras
relaciones está plenamente en nuestras manos.
Lo
que acaba ocurriendo en la mayoría de los casos es una batalla a nivel
individual en el que se enfrentan los deseos interiores del ser natural que cada
uno posee contra la estructura limitante que nos imponemos debido a la influencia
y las inflexibles exigencias de nuestra sociedad.
Nos
gustaría hacer o decir algo en un momento dado, pero no lo hacemos porque
tememos que otros no lo consideren correcto. De este modo vamos reprimiendo nuestros
impulsos naturales y complicándonos la vida innecesariamente.
Esto
crea un efecto domino en el que el ruido y el caos de nuestro estado interno rebota
como un echo y se multiplica hasta que finalmente encuentra un escape emocional,
normalmente exagerado, y empieza de vuelta el proceso de represión, aumento
de presión y desahogue.
La
causa es el bloqueo del proceso natural de la vida. El bloqueo consiste en
la represión de impulsos naturales. La represión de nuestros impulsos
ocurre porque no tenemos confianza en nosotros mismos; pensamos que si damos rienda
a todos nuestros deseos nos descontrolaremos por completo y quizás hasta
cometamos actos imperdonables.
Esta
creencia hace que nos impongamos un filtro para controlar nuestra conducta.
Lo hacemos para protegernos, para que no tengamos problemas con los demás,
pero acaba haciéndonos muchísimo más daño de lo que
podríamos imaginar.
El
filtro nos separa de nuestro propio ser, dañando nuestra auto-relación
y por consecuencia todas nuestras relaciones externas. Afortunadamente, siempre
tenemos la opción de repararla; confiando en nuestro ser interno y dejando
que fluya sin obstrucciones a la superficie, que sea la fuente natural de nuestras
acciones.
Para
que pase esto, tiene que haber un cambio muy importante en nuestras vidas: tenemos
que empezar a darle más importancia a nuestros instintos, a lo que
sentimos sinceramente, que a lo que nos dice nuestra sociedad. Si logramos llegar
a respetarnos, podremos respetar a los demás, y a través de relaciones
externas sanas podremos seguir mejorando nuestra vida.
Autor:
Patrick Collins
Su
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